Experiencias personales

 
   

Me llamo Manuel Carranza Ferrer, tengo 37 años, y soy pediatra.

Mi historia es mucho más breve que la de otros enfermos por dos motivos: porque, gracias a mi profesión, el diagnóstico ha sido rápido, ya que tras las correspondientes analíticas negativas y los diferentes síntomas enseguida supe de qué se trataba: Fibromialgia; y porque, gracias a Recuperat–ion, mis síntomas disminuyeron rápidamente.

Hace dos años, tras una infección vírica faringoamigdalar que me obligó a estar encamado tres días, comencé a experimentar dolores musculares. A pesar de no existir datos de laboratorio que lo justificasen con claridad, me diagnosticaron de Miositis (inflamación muscular) Postvírica. Muy a pesar de todo, en ese momento ya pensamos en Fibromialgia pero, como los dolores desaparecieron por completo a los cuatro meses, no le dimos mayor importancia.

El caso es que 365 días después y, tras otra infección faringoamigdalar de caballo (qué casualidad), volví a sentir lo mismo que hace un año. Pero con mayor intensidad: dolores musculares muy fuertes que día a día crecían y que al anochecer llegaban a invalidarme. Me quedaba bloqueado en la cama: era incapaz de darme la vuelta, cada mínimo movimiento me producía un dolor tan fuerte que me impedía dormir y, cuando al fin lo conseguía, el siguiente movimiento me despertaba. Era incluso incapaz de arroparme y, para levantarme de la cama, necesitaba la ayuda de mi mujer. Los resultados de las analíticas decían que me encontraba perfectamente. Sin embargo, cada día que pasaba me encontraba peor que el anterior. Sin duda alguna se trataba de fibromialgia.

¿Cansado? No sé si estaba cansado. Pienso que al dormir en peores condiciones (por el maldito dolor) me encontraba menos activo. ¿Depresivo? No. ¿Ansioso? Rotundamente no. En todo caso, inquieto y desasosegado. Por supuesto, coincido con la literatura que, según la American College of Rheumatology, habla de unos los puntos gatillo del dolor que condicionan el diagnóstico.

La medicación convencional que en estos casos se suele prescribir (analgésicos, antiinflamatorios, antidepresivos, anticonvulsionantes, etc.) no me ayudaba demasiado. Otras alternativas como la digitopuntura, el hidrojet o las aguas termales tampoco me aliviaban y llevaba ya dos meses en los que me encontraba muy mal.

Gracias a la tenacidad de mi mujer (que en todo momento ha estado conmigo) y a su insistente búsqueda de alternativas ‘menos ortodoxas’ conseguimos contactar con Alfred. Al comentar su caso a mis colegas, la norma tanto de ellos como mía misma era el escepticismo. Sin embargo, viajamos a Reus y allí conocí a Alfred. Me contó su historia y me animó a probar Recuperat–ion. ¿Qué podía perder?.

Al llegar a casa, salí del coche con ayuda de mi mujer y poco después preparamos la solución. Antes de acostarme bebí medio litro de esa fórmula, además de mis pastillas habituales, y me acosté con los dolores acostumbrados. Aquella noche fue diferente: dormí de un tirón y por la mañana, como si de un milagro se tratara, mi rigidez había desaparecido. Repito: Mi rigidez había desaparecido por completo.

Durante los dos primeros días la mejoría fue espectacular. Incluso hubo momentos en los que me encontraba totalmente recuperado. En medicina esto recibe el nombre de asintomático. Posteriormente tuve días mejores y otros no tan buenos, pero en ningún momento tan desesperantes como antes de beber Recuperat–ion.

Por las noches descansaba muy bien, la rigidez matutina había desaparecido y ya no sentía los fuertes dolores de espalda. En definitiva, el balance era buenísimo y recordaba que, en los dos meses anteriores de medicación continuada convencional, jamás noté alivio alguno. Pero con Recuperat–ion los síntomas iban disminuyendo hasta alcanzar la normalidad a los cuatro meses de tratamiento. Actualmente estoy totalmente asintomático y desde hace doce meses he dejado de tomar las sales.

El Recuperat-ion, gracias a Alfred , es sin duda una ‘puerta a la esperanza’.